No es necesario llenar a los niños con una gran lista de conocimientos intelectuales desde bien pequeños, sino darles los instrumentos necesarios para crecer y acompañarlos en este crecimiento.
No olvidemos que un niño sobre todo en educación inicial debe jugar y cantar, actividades suficientes para aprender lo que necesita a esta edad.
La maestra que juega con sus alumnos fortalece la relación con ellos, los conoce de mejor manera, y tiene a su favor la confianza y el amor de sus alumnos que aceptarán gustosos, después de jugar, trabajar en el interior del aula.
Las canciones infantiles y el juego, no sólo dan alegría, lo cual de por sí es ya suficiente justificativo para que se no deje de realizarlo como parte fundamental en su trabajo cotidiano, sino que fortalecen destrezas, habilidades, valores y actitudes que son muy necesarios para el desarrollo integral de un niño, sobre todo en los primeros siete años de vida: las rondas permiten que los niños conozcan su esquema corporal, lo interioricen. Cuando los niños giran, cruzan, caminan de lado, dan una media vuelta y una vuelta entera, están realizando movimientos que exigen equilibrio, coordinación psicomotriz. Al formar una ronda aprenden a relacionar su cuerpo con el espacio físico, a ubicarse, guardar distancia.
Otra de las funciones básicas que el niño desarrolla al cantar y mover su cuerpo siguiendo sonidos y
ritmos, con pausas y contrastes, es su aptitud rítmica. El ritmo es tan importante en el niño porque le permite ejecutar danzas, juegos, canciones, e incluso expresarse rítmica-mente en el lenguaje oral, que luego será escrito. El ritmo estará presente en el aprendizaje de la lecto-escritura, cuando separe sílabas, cuando forme palabras, cuando reconozca las sílabas tónicas.
Con las canciones y los juegos musicales, el niño adquiere confianza y seguridad en sí mismo, se va conociendo, acepta sus propios fracasos, aprende a perder, aprende a vivir.
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